Imaginarios
rotos
Fernanda Álvarez*
Exilio:
al decidir renunciar al estado
amoroso, el sujeto se ve con tristeza
exiliado de su Imaginario.
Roland Barthes (Fragmentos de un discurso amoroso)
Dicen
que hablar de amor en una novela es arriesgado. Pero esta novela,
como dice Lolita, no trata de amor, sino que habla sobre el
amor, pero también sobre la memoria, la infancia, el
presente y, sobre todo, busca la manera de asir la intimidad
en la pareja. De una pareja que fue. Intenta recuperar un espacio
en la que ésta se construye.
La
persona que fuimos (Mondadori, 2006) es el testimonio de ese
imaginario. Lolita Bosch, su autora, nació en Barcelona
en 1970. Escribe en catalán y en castellano. Ha publicado
Aixó que veus es un rostre (Omnium Cultural de Experimentación
Literaria, Ciudad de Olot, 2004), Tres historias europeas (Caballo
de Troya, 2005) y Qui vam ser (Empuries, 2006). Fue invitada
a la Feria Internacional del Libro como representante de la
nueva narrativa catalana. Ha sido nombrada Joven Talento FNAC.
Esta
novela se aferra a aquellos referentes que construyeron la persona
que fuimos: cartas, fotografías, una maleta; lugares
referenciales y juegos de palabras, poemas, lecturas. En ella
la memoria es el punto en que convergen sus historias: desde
recuerdos de la infancia que han sido intercambiados hasta la
misma memoria que fue la detonante en su destrucción
como pareja. Un súbito recuerdo provoca la desintegración:
“El recuerdo de aquel episodio sucedido en mi infancia
estaba resultando muy perturbador […] Y la persona que
fuimos comenzó a romperse”. Como en un poema de
Ángel González titulado “Todavía,
la memoria alevosa”1:
Aquel
tiempo
que dejamos por muerto volvió en sí,
y me hirió mortalmente por la espalda.
Pero
hablemos de tiempo, hablemos de espacio. La pareja se crea a
partir de una imagen única: la ciudad de México,
donde fueron otros seres y donde dejaron de serlo. Al recorrer
sus calles se crean sus recuerdos. G. y la narradora. La persona,
esa única, que dio un nuevo significado a cada uno de
los espacios por los que estuvieron y como toda pareja vuelve
suyo el mundo; de cualquier manera, pero suyo. Más cuando
la persona que fuimos se rompe, ¿qué se hace con
ese otro mundo? Por eso este libro no es un libro de amor. Es
un libro sobre el amor, pero también sobre el fragmento
del amor. Sobre la intimidad. Sobre ese único espacio
en el que las parejas realmente hablan de amor.
 |
Con
agujas, con un hilo transparente que cose para que la cicatriz
no se note, es como la autora va narrando su historia. Crea
un universo concéntrico, intenso, vital. Tan vital,
que termina bifurcando los caminos. Un universo único:
la persona que fueron. Este universo está conformado
por brincos temporales: su padre, su infancia, su perro,
su diario. Capítulos cortos |
Guillermo
Schulz, Sin título. |
|
Capítulos que el lector recorre ávidamente, pleno
de lecturas cruzadas y reinterpretaciones de significados. Detrás
está la protagonista desarrollando ese espacio para volverlo
íntimo, lo más íntimo posible. Esto se
logra por medio de un lenguaje de dos: la persona que fueron
y su memoria. La primera se rompe, pero con ella no se rompe
la memoria. Tan sólo se dispersa. Y esa es la intención
de este libro: retener la construcción del lenguaje creado
por dos que fueron la misma persona durante diez años.
Cuando sobreviene la ausencia2, quizá no implique abandono
sino la necesidad de crear un nuevo imaginario, una nueva intimidad,
en soledad. Entonces ella retomará la iconografía
de la infancia e intentará recuperar lo que traía
cuando llegó.
La
novela está fragmentada en tres momentos: la infancia,
G. y su lugar de origen. Tres momentos que están ligados
por una sola razón: la narradora necesita a G. para que
su mundo tenga sentido. Necesita recordar la infancia, porque
la niñez es mucho antes que G. Porque en ella no requería
de G. El momento de G. es el instante de construcción
pura; es cuando los dos aprenden a narrarse: “Siempre
nos hemos dividido la memoria de este modo. Yo recuerdo cómo
hemos llegado a algo y él qué hemos concluido”.
Ella necesita entenderse por medio de G., su referente. Edmond
Jabés dijo: “Las palabras que se buscan tienen
la mirada triste de los amantes separados”3.
El
amor termina siendo inenarrable. Por eso, quizá, cuando
se piensa en amor tendemos al ideal del amor. Ese otro sujeto
cristalizado que sólo hacemos patente como espejo de
lo que somos o deseamos ser. Amor de ser lo que no somos, deseo
de amor. “¿Cómo no sonar cursi al hablar
de amor?” Y es la misma pregunta que nos hacemos cuando
intentamos hablar de él. Es por eso que un día,
justamente hablando de amor, le dije a Lolita: “se supone
que el amor es bueno”. Ella dijo: “¿por qué
bueno? ¿Quién dice que es bueno?” Y no pude
más que callar.
* Corresponsal
en Barcelona de K. Literatura, Arte, Pensamiento.
1 González, Ángel. Palabra sobre palabra. Seix
Barral, Barcelona, 2005, p. 437.
2 Ausencia: Todo episodio de lenguaje que pone en escena la
ausencia del objeto amado –sean cuales fueren la causa
y la duración– y tiende a transformar esta ausencia
en prueba de abandono. En Fragmentos del discurso amoroso de
Roland Barthes. Siglo XXI, España, 2005.
3 Jabés, Edmond. El umbral La arena. Ellago Ediciones,
España, 2005, p. 551