Literatura con los cinco sentidos

Eiko Minami*

 

En la actual sociedad japonesa hay cada vez más jóvenes a quienes les preocupa perseguir una quimera antes que contar con un empleo formal, a diferencia de hace algún tiempo. Pero no todos tienen las cosas tan claras. De todos modos, muchos están atrapados en un horizonte de esperanzas y temores ante su incierto futuro, convirtiéndose en uno de los temas de la narrativa japonesa contemporánea. Una de las novelas más destacadas sobre el tema es Tirar en la calle en agosto (Hachigatsu no rojo ni suteru), escrita por Takami Ito, y editada por la casa Bungei Shunju en 2006. Obtuvo el Premio Akutagawa, uno de los más prestigiados en Japón.

La novela, narrada en tercera persona, da cuenta de los intrincados caminos de la responsabilidad personal entre dos jóvenes. La narración de Atsushi, el protagonista de 29 años de edad, avanza intercalándose entre las escenas de su labor como conductor de camiones para transporte de bebidas, en medio del implacable calor de agosto en Tokio. Pero su vida no siempre fue así. Cuando estudiaba en la universidad, Atsushi tenía la ambición de ser guionista, justo cuando se enamoró de Chieko, quien soñaba con ser editora de revistas. Al empezar a vivir juntos después de terminar su carrera, fue Chieko quien sostenía el presupuesto del hogar con un trabajo diferente al de su aspiración, para que Atsushi pudiera seguir la suya. Se habían casado a iniciativa de la novia, pero desde el principio en el joven marido comenzó a aflorar el resentimiento y la frustración. Por un lado, le molestaba reconocer que carecía del talento necesario para ser guionista, y por otro, le incomodaba el hecho de que ella sostuviera los gastos de la casa.

El equilibrio en sus vidas se desmoronó cuando Chieko se vio obligada a abandonar su trabajo a causa de un padecimiento mental, y la depresión de la chica se une a las difíciles condiciones de convivencia de la pareja. Atsushi tuvo que ocuparse de proveer al hogar; pero sólo fue capaz de obtener empleos de bajo perfil, que implicaban duros trabajos físicos. Como cabe suponer, la falta de comunicación y de aspiraciones compartidas terminó por degradar su relación. Es así que Atsushi comienza un amorío con otra mujer, para no enfrentarse con su esposa deprimida, hasta que un día se atrevió a sugerir el divorcio. Chieko resistió al principio a que Atsushi hablara del asunto, hasta que acepta la petición. A partir de entonces, curiosamente, aflojó la tensión que existía entre ellos.

Y el título se refiere al último paseo que realizaron un día de agosto, en el que, recorriendo los lugares de sus recuerdos, se acordaron de los comportamientos desagradables de cada uno y se criticaron francamente pero con humor: así tiraron los recuerdos en la calle, por decirlo así. Pudiera ser que el divorcio fuera un punto final feliz y deseado para Atsushi, pero no lo es y se convierte en antihéroe, ya que al final el protagonista se encuentra totalmente solo, separado de su esposa, abandonado por su amante y dejado atrás por sus amigos.

Manejando hábilmente lo obvio y lo implícito, con su estilo sencillo y conciso, rico en detalles que apelan a los cinco sentidos, fruto de una gran capacidad de observación, Ito ha logrado recrear un mundo vivo al que los lectores no podrán mantenerse insensibles.

* Corresponsal en Tokio de K. Literatura, Arte, Pensamiento.


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Revistra estacional Primavera 2007
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