Entre Poe y Kafka existen más afinidades de las que imaginamos, tanto en el plano terreno como
ultraterreno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Kafka escribió historias que no son terrenales, para poner los pies en la tierra, y Poe escribió historias terrenales, para poner los pies en el cielo.

 

 

Poe y Kafka. Dos genialidades fugitivas

Óscar Altamirano

 

No tengo creencia en la espiritualidad. Me parece una mera palabra. En realidad nadie tiene una concepción del espíritu.
Poe (Carta a James Russell Lowell, julio 2, 1844).

No existe más que el dominio espiritual; aquello que denominamos dominio de los sentidos no es más que el mal en el dominio del espíritu.
Kafka (Cuadernos en octava).

No fue Pierre Gassendi ni Swedenborg sino Poe quien murió a los 40 años, de modo misterioso. Si no hubiese muerto tan prematuramente, habría visto su propia fama extenderse hasta Europa, y posicionarse en el inmenso lugar que ocupa en la literatura mundial. Rilke creía que Poe “encarna la crisis de nuestra época, el terror del alma característico de la modernidad.” Y Ernst Jünger lo confirmará, como víctima y victimario, comparando a Poe con “el gigantesco remolino –el maelstrom– que es una de las grandes visiones que prefiguran la catástrofe de nuestros tiempos.” Ahora que despunta el nuevo siglo, Poe mantiene una eminencia difícil de compaginar con sus coetáneos, evidentemente dispares en relevancia estética y función histórica, desde E.T.A. Hoffman y Friedrich de la Motte Fouqué, hasta Emerson y Coleridge.

Poe desafió toda sabiduría y reservó la religiosidad únicamente para la Poesía, cuya provincia debía ser únicamente la “Belleza.” ¿Qué belleza? La “Belleza Superna;” la belleza “de las glorias por venir;” las “bellezas que están más allá de la tumba.” Poe condenó el gusto del stablishment, y denunció el didactismo como la gran herejía de los poetas bostonianos. Para Poe, la belleza equivalía a la elevación del alma por medio de la poesía, y concibió el poema como “la creación rítmica de la belleza.” Es una hermosa ironía que un escritor tan obsesionado con los elevados propósitos de la estética, quien además creyó en el poema solely for the poem’s sake, haya sido quien asestara el peor golpe que los esteticistas hayan recibido nunca. La crítica literaria sigue sin ponerse de acuerdo respecto a Poe, quien continúa desatando los puntos de vista más encontrados, incluso por encima de Shelley. En ello reside la magia de Poe. Es precisamente esto lo que convierte en el más original de los escritores grandiosamente originales de todo el siglo XIX, con él mismo a la cabeza. Ningún observador serio de las letras mundiales podría dejar de incluirlo en su lista de genios inmortales.

La gran idea de Poe fue adoptar el riguroso esquema intelectual de los viejos filósofos y retóricos, para invertirlo completamente y dirigirlo al sujeto, en vez de al objeto. Con su formidable habilidad para crear imágenes en todo lo que escribía y manipular los símbolos casi a su antojo, Poe dio en su obra la respuesta a uno de los problemas más complejos que el tiempo le haya planteado al artista.

Años después de su muerte se organizó un segundo enterramiento, con monumento y todo. Whitman asistió a la ceremonia y al término de ésta, un pequeño grupo de personas se aproximó. El poeta les confesó haber tenido un sueño horrible.

Guillermo Schulz, Sin título.
 

“En un sueño que tuve, vi un barco en el mar, hacia la media noche y en una tormenta. No se trataba de un buque con todo su velamen o un vapor majestuoso, que avanzara firmemente en medio de la tempestad, sino que parecía una de esas soberbias goletas que a menudo he visto ancladas [...], pero que en este momento avanzaba sin control, con las velas rasgadas y los mástiles rotos, por la cellisca y los vientos y las olas de aquella noche. Sobre la cubierta una figura delgada, frágil, hermosa; un hombre borroso, que sin duda gozaba aquel terror, aquella lobreguez y aquella desolación de la que era centro y víctima. Esa figura de mi sueño espeluznante pudiera representar a Edgar Poe, a su espíritu, a su fortuna y a sus poemas, todos ellos sueños espeluznantes”.1

Whitman utilizó posteriormente este sueño para dar su punto de vista sobre Poe, su figura y su influencia en la época. No tenemos noticia de si Whitman alguna vez leyó el famoso cuento de Poe titulado Manuscrito hallado en una botella, pero ese cuento es aún más exacto. En medio de una tormenta feroz, el narrador va a parar a un gigantesco buque. La popa del barco es “anticuada”, y la proa “severamente sencilla”. La vejez del capitán es tan grande y absoluta que inspira un sentimiento “inefable”; sus cabellos grises son “crónicas del pasado”, y sus ojos, aún más grises, son “sibilas del futuro”. El piso del camarote está cubierto por extraños infolios, “estropeados instrumentos científicos y viejísimas cartas de navegación fuera de uso”. El barco está “impregnado por el espíritu de la Vejez”, y su tripulación se desliza “de aquí para allá, como los fantasmas de siglos sepultados”. El buque está sometido a “una poderosa corriente”, y termina en un terrible naufragio. Lo que el manuscrito hallado en la botella contiene en realidad es el pathos metafísico de Poe y toda su generación:

“Un sentimiento extraño para el cual no encuentro nombre se ha posesionado de mi alma; es una sensación que no admite análisis, frente a la cual las lecciones de tiempos pasados no me sirven y cuya clave me temo que no me será dada para el futuro. […] Nunca, sé que nunca llegaré a conocer el secreto de mis concepciones. Sin embargo, no es de asombrarse que esas concepciones sean indefinidas, puesto que se originan en fuentes tan extraordinariamente nuevas. Un nuevo sentido, una nueva entidad se incorpora a mi alma.”2

Me pregunto si Kafka alguna vez llegó a conocer la naturaleza de sus concepciones. No lo creo. Las concepciones de Kafka, al igual que muchas de las concepciones de Poe, son extrañas incluso para él mismo. Los personajes “kafkianos” deambulan en un mundo que no pueden descifrar.

Entre Poe y Kafka existen más afinidades de las que imaginamos, tanto en el plano terreno como ultraterreno. En la genialidad de Poe y Kafka vive el Zeitgeist de sus épocas respectivas. Es un Zeitgeist consanguíneo. Tanto Poe como Kafka se revelaron contra la tiranía paterna. A Kafka le disgustaba Praga, a Poe Boston. La genialidad y a locura los atormentó a los dos. Poe confesó estar enloqueciendo en diversas ocasiones, y Kafka admitió perder el rumbo varias veces. Ambos tuvieron tendencias suicidas y ambos crearon personajes maltrechos. Los dos fueron hombres conflictivos, y los dos estaban obsesionados con la muerte. El aislamiento de Kafka, como judío, en Praga, es comprable al aislamiento de Poe, en Boston. Pero las afinidades más sorprendentes no son las terrenales sino las metafísicas. Poe desafió el trascendentalismo de Boston con una cosmovisión materialista de índole tal que, en esencia, resulta virtualmente idéntica al pathos metafísico de Kafka, como judío, en Praga, cincuenta años después.

Kafka escribió historias que no son terrenales, para poner los pies en la tierra, y Poe escribió historias terrenales, para poner los pies en el cielo.

Tras años de haber trabajado intensamente en la historia intelectual de Poe, puedo decir, sin temor a equivocarme, que todo lo que he encontrado y corroborado cuadra excepcionalmente bien con las tesis centrales que podemos deducir de la lectura que Gershom Scholem hizo de Kafka, a lo largo de más de dos décadas:

I. Para Scholem, Kafka es el gran paradigma de la época. Una época en que la tradición está en crisis y el mundo está desprovisto de toda divinidad. Un mundo en el que, sin embargo, “la inmanencia en sí misma debe leerse como el anverso de una trascendencia perdida”.3 Poe es a su vez el paradigma de una tradición literaria en crisis; invirtió los términos del idealismo trascendental (cuyo papel es inmenso entre los trascendentalistas de Boston y el grupo de Emerson) y arribó a una concepción negativa del idealismo. Al igual que en el mundo de Kafka, pero de modo inverso, el dominio de lo terreno sobre lo ultraterreno es total en el mundo de Poe: lo espiritual está sujeto inevitablemente a la materia, y de allí viene el Mal. Un mal necesario desde el comienzo de la creación.

II. Aparecen en la obra de Kafka, por medio de la representación metafórica de la crisis en el mundo moderno, “las paradojas y contradicciones que siempre han sido inherentes en el misticismo judío” aproximándose “al nihilismo e incluso la herejía” . Del mismo modo, aparecen en la obra de Poe todas las contradicciones y paradojas inherentes al platonismo, mismas que se aproximan al nihilismo o las herejías de corte panteísta.

III. Las “herejías místicas judías” aparecen en la ficción de Kafka del siguiente modo: a) “Obsesión con la Ley” en un mundo en el que “Dios está ausente”. b) La Ley está abierta a “infinitas interpretaciones”. y es “impracticable”. c) La verdad es “inaccesible”. Las herejías de Poe aparecen de la forma siguiente: a) Obsesión con la Verdad, cuya Ley es la de la Naturaleza. Una Naturaleza cuyo rostro se ha “deformado”. Dios está ausente; pues Dios es “la perfección de la materia”; pero una perfección a la que ninguna criatura tendrá jamás acceso. b) La Ley Natural sólo puede producir “infinitas variaciones del desarrollo vital”, y es indescifrable. c) La verdad es inaccesible porque la única Ley es la de una fuerza dual. La única Verdad es incognoscible; pues Dios es la perfección de la materia.
Para Scholem todos estos motivos, tan viejos como debatidos, adoptan una nueva forma en la obra de Kafka, y, como ocurre en la obra de Poe, constituyen temáticas constantes. Así como el misticismo judío es inseparable de la obra de Kafka, el idealismo alemán es inseparable de la obra de Poe, en particular la metafísica de Schelling. En el mundo de Kafka cada conclusión es puesta en duda; a cada afirmación corresponden muchas más. Nadie tiene la última palabra en lo que respecta a la Ley y la Verdad. En el mundo de Poe, a cada afirmación corresponde otra, contraria. La Verdad ni siquiera tiene cabida en el ámbito de la Poesía, la que debe siempre sujetarse a lo Ideal, cuya representación sólo es plausible por medio de lo Indefinido. La gran obsesión de Kafka es penetrar en la naturaleza de un mundo sumido en la arbitrariedad y el caos, pero todavía hechizado por la idea de la Ley. La gran obsesión de Poe es penetrar en un mundo en que las obscenidades de la simetría son constantemente desafiadas por una sola Ley, en la que actúa un principio dual: atracción y repulsión, de tal suerte que:

“…para todos los propósitos meramente argumentativos estamos plenamente justificados al asumir que la Materia existe sólo como Atracción y Repulsión…”. “No habiendo un caso concebible en el que no podamos emplear el término “Materia” y los términos “Atracción y Repulsión” tomados juntos, como equivalentes, y por lo tanto convertibles expresiones en la Lógica”. Así los dos Principios, Atracción y Repulsión —lo Material y lo Espiritual— se acompañan mutuamente, para siempre, en la más estricta camaradería. Así el Cuerpo y el Alma caminan de la mano.

El mundo de Kafka, como el mundo de Poe, sigue debatiéndose ante la idea de una Ley que la historia misma ha vuelto impracticable, pero que aún proyecta su sombra sobre la faz de la tierra. Lo que la Ley pide de nosotros, sea la del Torah, o la de la Naturaleza, es incomprensible. Si el Absoluto ha de traducirse en una Verdad, es una verdad en eterna contradicción; contradicción entre lo material y lo espiritual, entre este mundo y el otro. Según Scholem, “la nada de la Revelación” está en el corazón de Kafka. Para Poe, la Nada es la Revelación misma. Una Nada de la que podrá surgir una creación completamente nueva, a “cada latido del Corazón Divino”.

Las historias de Poe, como las historias de Kafka, no revelan nunca su último secreto. Si estas coincidencias sorprenden, no debiera sorprendernos que la obra de ambos haya estado expuesta a vicisitudes similares. Al igual que Poe, aunque más, quizá, por haber escrito en alemán, la obra de Kafka fue bastante ignorada en su propia tierra. Durante los años veinte aparecieron ensayos centrados en el materialismo de Kafka. Los especialistas han buscado la llave que abre todas las puertas de su simbolismo. En el caso de Poe, las llaves que menos abren suelen ser las del psicoanálisis y los estudios fenomenológicos, que yo encuentro insoportables. Los mejores críticos de Kafka siguen siendo Walter Benjamin, George Steiner y Gershom Scholem.

Kafka decía que Poe “escribió historias que no son terrenales, para poner los pies en la tierra.” Con este comentario, Kafka se suma a la larga lista de grandes lectores que no ven materialismo alguno en la obra de Poe. Cosa en verdad sorprendente si se piensa que Poe admitía no creer en la espiritualidad. Sería más acertado decir que Kafka escribió historias que no son terrenales para poner los pies en la tierra, y que Poe escribió historias terrenales para poner los pies en el cielo. Pero supongo que esto tampoco es muy cierto. Lo cierto es que Poe prefigura la catástrofe de nuestro tiempo. Catástrofe en la que Kafka aparece como una de sus figuras más grandes y fugitivas.

1 Traducción de Federico Patán.
2 Traducción de Julio Cortázar.
3 Gershom Scholem’s Reading of Kafka: Literary Criticism and the Kabbalah, Stéphane Moses; Ora Wiskin-Elper, New German Critique, No. 77, Special Issue on German-Jewish Religious thought. (Spring-Summer,1999), pp.149-167.
4 Ibid., pp. 152-153.


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